


Pero curiosamente, también está prohibido el botellón nuestro de todos los fines de semana y días excepcionales, y a pesar de ello se celebra porque sí, una vez que la juventud lo convoca para la ocasión.
Olvidemos a esos padres que lejos de luchar contra el botellón, les jalean y animan defendiendo lo indefendible, la nausea, el vómito y el coma etílico de sus hijos. Olvidemos incluso ese espectáculo lamentable de la kale borroka pija que vimos en fechas recientes en Pozuelo. Lo que no podemos olvidar es a esa niña, Celeste, muerta tras un botellón. Al menos, yo no puedo.
Siempre dispuestos a fomentar la vida cultural, muchos ayuntamientos democráticos llevan años protegiendo el botellón...
Con toda la demagogia económico-sanitaria del mundo, sostiene Jiménez que cada fumador cuesta 23.000 euros en gastos de hospital y botica y en bajas laborales. Y que está la cosa muy achuchada como para pagar más medicinas de las bronquitis crónicas. ¿Y las cirrosis hepáticas, no le cuestan dinero a la Sanidad pública, hija mía? ¿Y los conductores borrachos, no matan a nadie por la carretera, hija mía? ¿Por qué entonces no prohiben ustedes también tajantemente el alcohol y los botellones callejeros de los chavales, pues también deben de costar un dinero muy curioso al año en médico, en botica y en bajas laborales por papalina gorda del sábado noche y por hígados hechos polvo?
EL alcohol debe ser todavía de izquierda porque los jóvenes, muy jóvenes, hacen botellón y las autoridades son comprensivas con ellos, incluso les facilitan la borrachera indecente, pero el tabaco es claramente de derechas.

La OCU ha visitado 123 establecimientos de 6 ciudades
españolas y
ha comprobado de primera mano que los menores de edad pueden
compran
alcohol sin problemas. A pesar de la prohibición expresa de
la ley, en
8 de cada 10 establecimientos sirven cerveza a adolescentes.
El
ABUSO de ALCOHOL es el principal detonante de 7 de cada 10 casos
de MALOS TRATOSMuchos casos la violencia doméstica está íntimamente relacionada con el alcohol y las drogas. En la Comunidad de Valencia 7 de cada 10 casos están relacionados con el consumo de alcohol (La Verdad, 12 de enero de 2002). ¿Qué hacen nuestros ayuntamientos y gobiernos para combatir la violencia y el alcoholismos entre los jóvenes? Mientras no se combata esta cultura violenta, en todos los aspectos de la vida, mientras los gobiernos y ayuntamientos alientan y no combatan esta cultura de la litrona, del alcoholismo, de hedonismo y salvaje individualismo, la violencia seguirá creciendo...
Que ocurre que la única diversión de nuestros
jóvenes tiene que ser
necesariamente “el botellón”. Una sociedad donde los
valores vienen
establecidos en virtud de lo que los medios de
comunicación emiten y
cuyos mensajes son “el que consumas para ser feliz, que no te
esfuerces, ni hagas méritos para conseguir lo que
anhelan, porque
tienen derecho a todo sin deberes de nada”.
Por eso, no es raro que la asociación de vecinos El Parque, con sus valientes dirigentes al frente, siga adelante con su cruzada contra quienes deberían hacer cumplir la Ley y se la saltan a la torera mirando para otro lado; unos haciendo de avestruces, otros de don tancredos y todos, eludiendo sus responsabilidades.
Desde el que aludiendo a su condición de ingeniero
de telecomunicaciones -que debe de ser un argumento de autoridad
inapelable- afirma hacer botellón desde...
Jóvenes a bordo de coches, motos y ciclomotores dirigidos con temeridad son el presagio de otra noche infernal. Mientras, otros se abastecen de bebidas alcohólicas en los comercios especializados, portando en un ir en venir, sus bolsitas de compra, tan diligentes que sus padres se quedarían perplejos si pudieran verlos.
Un año hace que el Pleno de la Corporación municipal talaverana aprobó la Ordenanza con la que nuestros representantes en el Ayuntamiento pretendían poner freno a la práctica del botellón en la ciudad, en general, y en el barrio de El Parque, en particular.
Porque todo lo tienen y de nada les falta. Pero todo
les ha sido dado, todo por añadidura, nada por logro.
Tanto
tienen y tan corta vista y objetivo que no aspiran a nada. Ni a
un
sueño. Están hartos. Nada necesitan. Solo una
borrachera.
... porque la Policía no actúa y las autoridades miran para otro sitio; ni que los botelloneros se hagan fuertes en La Covacha alterando el ritmo vital de cientos de vecinos, impotentes para defender su derecho a la paz y al descanso...
...cuando en la cesta social hay más bien pocas nueces. Nueces que, en este caso concreto, se pueden intercambiar por puestos de trabajo, alternativas de futuro, ocio formativo y no deformativo y, en definitiva, confianza social. Poco, prácticamente nada, existe al respecto en las políticas juveniles al uso y, por ello, la pujante juventud se viene dedicando a meter decibelios y residuos sólidos, líquidos y hasta gaseosos en plazas y parques públicos.
Ante la pasividad de nuestros políticos, entretenidos en legislar normas que luego no se aplican, caminar por nuestras calles sin ser molestados por los detritus de la horda del botellón comienza a ser una tarea de héroes, de ciudadanos, que no están dispuestos a tragar con la «idea» de que la diversión individual es ocupación salvaje de los espacios públicos.
... era hora de que les dieran azotes en el trasero
a los niños y niñas esos, idiotas,
mediáticos,
pijos, prepotentes e ignorantes, que no tienen huevos ni ovarios
para
enfrentarse a la vida y se dedican a enguarrarlo todo con sus
pinches
botellas de cerveza, sus vómitos y sus excrementos.
Antes se bebía dentro de las tabernas, en las que se prohibía el cante, a las que los hijos debían ir, como en una novela de Dicenta, a sacar con lágrimas a los padres borrachos y llevárselos a su casa... Ahora son los padres los que tienen que ir por los hijos, a la taberna de la calle. Pero no pueden, porque no saben dónde están.