

Que ocurre que la única diversión de nuestros jóvenes tiene que ser
necesariamente “el botellón”. Una sociedad donde los valores vienen
establecidos en virtud de lo que los medios de comunicación emiten y
cuyos mensajes son “el que consumas para ser feliz, que no te
esfuerces, ni hagas méritos para conseguir lo que anhelan, porque
tienen derecho a todo sin deberes de nada”.
Por eso, no es raro que la asociación de vecinos El Parque, con sus valientes dirigentes al frente, siga adelante con su cruzada contra quienes deberían hacer cumplir la Ley y se la saltan a la torera mirando para otro lado; unos haciendo de avestruces, otros de don tancredos y todos, eludiendo sus responsabilidades.
Desde el que aludiendo a su condición de ingeniero de telecomunicaciones -que debe de ser un argumento de
autoridad inapelable- afirma hacer botellón desde...
Jóvenes a bordo de coches, motos y ciclomotores dirigidos con temeridad son el presagio de otra noche infernal. Mientras, otros se abastecen de bebidas alcohólicas en los comercios especializados, portando en un ir en venir, sus bolsitas de compra, tan diligentes que sus padres se quedarían perplejos si pudieran verlos.
Un año hace que el Pleno de la Corporación municipal talaverana aprobó la Ordenanza con la que nuestros representantes en el Ayuntamiento pretendían poner freno a la práctica del botellón en la ciudad, en general, y en el barrio de El Parque, en particular.
Porque todo lo tienen y de nada les falta. Pero todo
les ha sido dado, todo por añadidura, nada por logro. Tanto
tienen y tan corta vista y objetivo que no aspiran a nada. Ni a un
sueño. Están hartos. Nada necesitan. Solo una borrachera.
... porque la Policía no actúa y las autoridades miran para otro sitio; ni que los botelloneros se hagan fuertes en La Covacha alterando el ritmo vital de cientos de vecinos, impotentes para defender su derecho a la paz y al descanso...
...cuando en la cesta social hay más bien pocas nueces. Nueces que, en este caso concreto, se pueden intercambiar por puestos de trabajo, alternativas de futuro, ocio formativo y no deformativo y, en definitiva, confianza social. Poco, prácticamente nada, existe al respecto en las políticas juveniles al uso y, por ello, la pujante juventud se viene dedicando a meter decibelios y residuos sólidos, líquidos y hasta gaseosos en plazas y parques públicos.
Ante la pasividad de nuestros políticos, entretenidos en legislar normas que luego no se aplican, caminar por nuestras calles sin ser molestados por los detritus de la horda del botellón comienza a ser una tarea de héroes, de ciudadanos, que no están dispuestos a tragar con la «idea» de que la diversión individual es ocupación salvaje de los espacios públicos.
... era hora de que les dieran azotes en el trasero
a los niños y niñas esos, idiotas, mediáticos,
pijos, prepotentes e ignorantes, que no tienen huevos ni ovarios para
enfrentarse a la vida y se dedican a enguarrarlo todo con sus pinches
botellas de cerveza, sus vómitos y sus excrementos.
Antes se bebía dentro de las tabernas, en las que se prohibía el cante, a las que los hijos debían ir, como en una novela de Dicenta, a sacar con lágrimas a los padres borrachos y llevárselos a su casa... Ahora son los padres los que tienen que ir por los hijos, a la taberna de la calle. Pero no pueden, porque no saben dónde están.