OPINION EN LIBERTAD
EN CLAVE TALAVERANA
El transcurso de las fiestas de Navidad en Talavera, no ha estado protagonizado precisamente por el sonido de la pandereta, la zambomba o el villancico; nada más lejos de la realidad sufrida, pues desde el mismísimo inicio del cierre de colegios e institutos para dar comienzo las vacaciones navideñas,comenzó el constante, molesto, inoportuno, cansino y agobiante recital de petardos por todas y cada una de.las calles de nuestra ciudad y a cualquier hora del día o de la noche.
Los constantes estruendos, han amargado el sosiego de muchas familias, han perturbado el descanso y han sido uno de los principales protagonistas de una Navidad en la que los fabricantes y vendedores de petardos han hecho en Talavera el agosto, en pleno mes de diciembre y enero. Y como es evidente, la Navidad Talaverana ha quedado un tanto deslucida con el hastio agobiante, abrumador ruido y chabacano y constante bombardero de petardos con que nos han obsequiado jóvenes y niños.
Pero no queda ahí la cosa, pues parece ser que la modema afición a los petardos en Talavera, por parte de un amplio sector juvenil,se extiende a los fines de semana ya que, el petardo se ha puesto de moda. Por tanto, a la legión del botellón, se suma ahora un batallón que se dedica a la práctica del lanzamiento de petardos a discreción, lo que sin duda, supone una definitiva e insostenible convivencia para quienes soportamos el desenfreno cavernícola, colérico y enfermizo de un cierto sector de juventud que extorsiona y atenta impunemente entre otras cosas, contra nuestra salud, derecho a la intimidad y el descanso.
Por mi profesión, durente los días de Navidad, he estado en distintas localidades cercanas: Torrijos,Santa Olalla,Fuensalida, Oropesa, Arenas de San Pedro... y en ninguna de ellas, he podido observar la bacanal escandalosa y peligrosa de lanzamiento de petardos en que hemos estado sumidos en Talavera durante la Navidad y parece ser que en lo sucesivo, también los fines de semana.
No es solamente lo nocivo y peligroso en sí de la actividad vandálica, es por otra parte, la imagen que genera la ciudad. La Talavera glamorosa, se toma en pueblerina; la Talavera del progreso, se cincela en aldeana; la Talavera del bienestar,ahora es ciudad incómoda y en cierto modo impresentable; la Talavera de la armonía, la paz y seguridad, es poblado menor sin orden ni autoridad y también, la Talavera estructurada, es lugar ingobernado y descuidado.
Entre el enorme índice de paro que soporta la ciudad, el general abatimiento de la población, la flacidez de la clase política y la cada vez más desaliñada imagen que ofrecemos, a este paso, Talavera será tan solo un mero asentamiento de ilusiones perdidas, nefastos politicos y horizonte sin perspectiva. Parece broma, pero nada más lejos de la cruel realidad: los petardos, el botellón y todo lo demás, que en absoluto es poco, convierten a Talavera en un obsceno lugar que, muy al contrario, debería ser espejo, santo y seña de la inmensa comarca que nos rodea. Pero, sin ánimo a exagerar, como quizás piensen muchos,la palmaria realidad y la negligencia de los administradores, nos colocan en una posición indecente, en contraste al lugar que por toda lógica y justicia debiera ocupar Talavera.
Por tanto, señores regidores, permítanme con todo respeto expresarles que, cada vez que un petardo hace estruendo en las calles de Talavera, el fondo de la cuestión no es en absoluto superficial, va mucho más allá. Si no, que se lo pregunten a quienes en estas fechas hemos sufrido día y noche de estruendo tras estruendo y han terminado por desquiciamos, a los enfermos que han perturbado el descanso, a los niños, ancianos, a quienes han ido a trabajar sin haber conciliado el sueño, a la gente que paseaba en paz por las calles de su ciudad y de súbito se han encontrado con una enorme explosión a sus píes que les ha dejado desencajados, a los enfermos terminales y sus familiares, a quienes embarga el dolor y necesitan serenidad o simplemente, a quienes desde todo el fundamento y peso de la razón, desean estar en paz en sus hogares o pasear tranquilos por las calles de su ciudad.